Los regímenes de adelgazamiento comunes se basan, por regla general, en prohibir o limitar severamente determinados alimentos o incluso grupos enteros de nutrientes como pueden ser por ejemplo, los hidratos de carbono en el entrenamiento turbulento como se comenta en portalesmedicos.com. Sin embargo, hay que concienciarse de que es precisamente eso lo que no conviene, ni para el meta­bolismo ni, por supuesto, para la psique. Siempre ocurre que cuanto más deba uno limitarse, más grande será la ansiedad por consumir todo lo prohibido. ¿Quién no conoce a los frustrados «yo-yós» de las dietas, que se torturan con regímenes espartanos y sin sentido pero que, al final, siempre acaban volviendo a sus antiguos hábitos alimentarios y a su acostumbrado obesidad? Claro que también se puede optar por alquilar a un «vigilante» de la dieta, que esté al lado de uno en estos momentos realmente difíciles y le arranque de las manos con un reproche las cosas prohibidas que tanto engordan. ¿Cuántas tonterías asociadas a la dieta quedarán todavía por hacer y por inventar?

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A partir de ahora, régimen estricto

Seguro que conoce el carrusel de ideas que supone la prohibición unida al remordimiento suin usar el entrenamiento turbulento. Es el típico problema del hipopótamo rosa con topos verdes. ¿No sabe de qué va?

Cierre los ojos y no se imagine un animal imaginario así. ¿Qué se apuesta a que sucede lo siguiente?: se ha imaginado un hipopótamo rosa con topos verdes. Eso es lo que ocurre cuando por seguir una dieta para adelgazar no puede ni pensar en el chocolate, las patatas fritas o el pastel de nata. Por lo general, las prescripciones y prohibiciones alimentarias que conlleva un régimen significan concentrarse justo en aquello que no se debe consumir mientras se está llevando a cabo. Pero cuanto más se prohiba probar determinados alimentos, más pensará en ellos. Al final sus ideas girarán perpetuamente en tomo a esos alimentos no permitidos. El atractivo de esos platos prohibidos crecerá de manera inusitada.

 

I n lugar de la voz que constantemente susurra el «no debes» y de la observancia de listas de alimentos prohibidos, tiene mucho más sentido adoptar una postura positiva frente a la  comida de este entrenamiento turbulento, de acuerdo con el siguiente lema: esto me encanta y puedo comerlo. V no se trata tampoco de atiborrarse sin freno, sino de disfrutar de manera consciente de la comida:' comer lo que a uno verdaderamente le gusta sin experimentar los eternos remordimientos. No en vano, quien disfruta comiendo, disvalia también de la vida. ¡Y eso es muy sano! El goce y la salud constituyen la nueva unidad a la hora de comer y en modo alguno deben continuar siendo conceptos opuestos e irreconciliables. Si uno no pasa todo el tiempo reprimiéndose, encontrará antes su medida personal idónea en lo que concierne a la comida y la bebida. En el lado opuesto se encuentra la persona que, de pura frustración por culpa de los severos impedimentos que ella misma se ha impuesto, acaba finalmente por romper con la dieta.